El yacimiento de L’Ènova cuenta con restos de la época alto imperial, fechados en el siglo I o II, aunque por algún motivo que desconocemos se abandonó, y volvió a ser ocupada en el siglo V. Gracias a la forma en la que se derrumbó el techo ha permitido que las estancias estén como selladas y ha ayudado a su conservación. Se trata de uno de los yacimientos de mayor extensión y mejor conservado que se excava en los últimos años.