Los primeros vestigios conocidos que se han encontrado son una lápida sepulcral de época romana y unas monedas árabes pertenecientes a la época de Omadedaulat, rey sarraceno de Zaragoza entre 1109 y 1129. Cavanilles documenta estos hallazgos; pero también habla que la lápida romana se utilizaba en un horno para amasar pan. Después de la conquista permaneció unida a L'Alcora formando parte de la Tinença del Alcalatén que fue cedida por Jaime I al noble aragonés Ximén de Urrea en 1233. Como las demás localidades del Alcalatén pasó a fomar parte de la casa condal de Aranda y cuando ésta se extinguió en 1798 se integró en el patrimonio del duque de Híjar hasta 1818. Si el siglo XVIII vio la independencia parroquial, en 1889, alcanzó la autonomía municipal al segregarse de L'Alcora.