Tras la conquista del lugar por Jaime I de Aragón, la comunidad islámica, fundadora del núcleo urbano más antiguo, fue sometida, y sus tierras y alquerías pasaron posteriormente a ser administradas por la Orden Militar de Santiago. Durante el siglo XVI, el lugar, mayoritariamente de moriscos, tuvo una patente prosperidad demográfica. Sin embargo, la traumática expulsión de los moriscos en 1609 supuso la desaparición del 71,8 % de su población, viéndose reducida a los 225 habitantes.