Se le atribuye una fundación posterior a la conquista cristiana y así parece indicarlo su propio nombre de "puebla". Perteneció en principio al señorío de la corona aragonesa, aunque formando parte de la Encomienda de Montesa. Más tarde, pasó a Miguel Rico, quien la vendió por una cantidad bastante elevada. Sus agrestes parajes fueron refugio de partidas carlistas y la población tuvo que padecer varios despojos por parte de los guerrilleros.