Como la mayoría de localidades de la comarca Alfara del Patriarca fue una alquería musulmana. Fue reconquistada por Jaime I en 1249 que después la cedió a Ximén Pérez de la localidad aragonesa de Tarazona. Posteriormente fue cedida a Guillén Jáfer y a Bonifacio Ferrer que la convirtió en señorío. En 1396 fue adquirida por Bartolomé Cruïlles. En manos de esta familia permaneció hasta finales del siglo XVI siendo responsables de la construcción del conocido como Palacio de Cruïlles uno de los monumentos más destacados de la localidad.