Son escasos los restos prehistóricos aparecidos en este término. Hay vestigios de un establecimiento ibérico en la Cañada, consistentes en abundantes fragmentos de cerámica con decoración geométrica pintada y una pequeña escultura, también de barro cocido, representando un caballito, y los sillares almohadillados reutilizados en diversos paramentos del castillo, indudablemente de época romana y que prueba la existencia, quizá en el mismo sitio en el que luego se edificó ésta, de unas importantes construcciones de tiempos augústeos destruidas al levantar durante la Edad Media el castillo. Aunque su origen se tiene como romano, parece que Montesa comenzó a tener importancia en época de los árabes. Durante la conquista cristiana ocupó una situación fronteriza y en ella se refugió el caudillo musulmán Al-Azraq en guerra con Jaime I. De nuevo volvió a ser centro de rebelión musulmana, dirigida de nuevo por Al-Azraq. El infante Pedro se encargó de someter a la rebelión, aunque las luchas continuaron incluso tras la muerte de Jaime I, en 1276.